La fallera cósmica

¿Quién soy yo en este mundo? Ese es el gran enigma

alicia en la butaca

Una vez me disfracé de Reina de Corazones para una función del colegio. Tenía seis años. Eso ya lo conté. Era pequeña y mi madre e Inma cosieron corazones de cartulina roja a un disfraz alquilado de reina la misma noche que España le metió a Malta doce goles. Ese es uno de mis pocos recuerdos de infancia que sobrevive en mi memoria con una luz intensa, como la de la época en la que sucedió; pero hoy no quiero escribir sobre lo que ya ha sido, sino sobre lo que va a ser, porque todos me dicen que va a ser muy bueno y yo necesito nombrarlo para saber que dicen la verdad.

Hay tantas cosas que tengo que contar, que el hecho de callarlas durante un tiempo ha tenido sobre ellas un efecto extraño y las ha vuelto sólidas y difícilmente digeribles a pesar de ser todas buenas noticias.

Estoy terminando una novela que no le he dejado leer a nadie y que ha ido creciendo como una hierba salvaje gracias a algunas confianzas ciegas.

Estoy escribiendo desde una casa nueva, en la que todavía me siento como el extranjero que, recién llegado del aeropuerto, abre con tarjeta su habitación de hotel.

Y pienso en que no lloré al irme de la Fnac, aunque no fue una decisión fácil y trajo consigo muchas despedidas y el tijeretazo a algunos lazos que, en mi ingenuidad, había llegado a pensar que eran irrompibles… allí fui muy feliz. Sería mentira decir que no echo de menos.

Me pregunto si marcharse fue una temeridad o la lucha de una aerofóbica (esa soy yo) por, al menos en algún ámbito vital, demostrarse que podía ser valiente. Lo que está claro es que si no me hubiera ido, Reca y yo no hubiésemos puesto en marcha nuestra agencia de comunicación, que va creciendo poco a poco; y jamás habría surgido la oportunidad de acercarme a una parte del mundo del libro que hasta hace cuatro días era para mí desconocida.

Porque esa es la noticia más reciente: desde el pasado jueves, y gracias al respaldo de Joana, Ramiro y Cristina (a ninguno de los tres me voy a cansar de darles las gracias), formo parte del equipo editorial de Sílex Ediciones, donde se está gestando un nuevo proyecto en el que voy a poner mi granito de arena, haciéndome cargo de parte de la edición y de la prensa.

Espero estar a la altura.

Me gustan mucho los libros. Lo he confirmado durante la mudanza a este cuarto piso sin ascensor. No he quemado ninguno, no he desfallecido, los he subido todos. La literatura es mi constante.

Mientras termino este post, en la lista de reproducción del portátil le llega el turno a Lucha de gigantes. Cuando Armando y yo trabajábamos juntos en Bertrand, que en España ya no existe, él me recibía muchas mañanas con esa canción y, sin decirnos nada, empezábamos el día.

Esta bien ser capaz de identificar qué cosas no deben cambiar, aunque como Alicia no sepa muy bien quién soy y a veces me sienta tan desconcertada como si hubiera llegado, cayendo por la madriguera del conejo, al País de las Maravillas. Porque “¿quién soy yo en este mundo?” -dijo Alicia-. “Ese es el gran enigma”.

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