La fallera cósmica

El que pacta pierde

UmbralDevoro en una noche La herencia de Eszter. En uno de los primeros capítulos leo: “los amores sin esperanza no terminan nunca”. Es ya tarde, pero el calor sigue siendo insoportable, aunque tengo las ventanas abiertas y el foco de la lamparíta orientado hacia el suelo, para que no me de directamente la luz.
La novela de Márai no es mía, la he escogido entre los títulos de una biblioteca ajena. Me estoy aficionando a esa costumbre por lo que tiene de allanamiento de morada el adentrarse en un libro que no es propio, sobre todo si su dueño es lector, como es el caso, y va dejando entre las páginas de sus lecturas pruebas del tiempo que existió mientras leía ese libro y no otro, mientras esa historia concreta asistía a su vida cotidiana como una espía y, en mayor o menor medida, la cambiaba. La existencia de los que leen está plagada de desvíos.
Me resulta muy fácil adivinar que el ejemplar de bolsillo de La herencia de Eszter esconde algo, pero no tengo prisa, no fuerzo el encuentro. Espero a que se produzca en el punto adecuado del camino y voy avanzando en la trama con paciencia, disfrutando de la capacidad de Márai para expresar ideas grandes con diálogos y situaciones sencillas, hasta que, de pronto, al volver una página de la segunda mitad de la novela, cae sobre las sábanas un papelito doblado en dos: es un recorte de periódico. Quién lo guardó allí, no se entretuvo en anotar la fecha ni el porqué de su decisión: salvar el artículo de los usos alternativos de la información impresa (envolver el pescado, empaparse de grasa, convertirse en arma inofensiva y arrojadiza).
Se trata de una columna de Umbral, de la sección que mantuvo durante años en El Mundo, ‘Los placeres y los días’; y se titula Felipe González. Hago un alto en la novela y leo el artículo con la curiosidad de los arqueólogos, convencida de que cualquier jirón del pasado que vuelve encierra un mensaje para el futuro.
Umbral habla de la despedida de González de la política y reflexiona sobre las causas de su decadencia. Cita a Cela, que por lo visto dijo una vez: “el que pacta pierde”.
Umbral y Cela han muerto ya, Marai también. Cuando me voy a dormir, en la oscuridad, pienso en sus fantasmas, y me pregunto cómo es posible que sepan tanto de nosotros.
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